- Conciertos -

THE ADICTS + THE RUMJACKS. Sala Mon Live (Madrid 12-10-17)

Tras infortunios varios, conseguimos, por fin, daros a conocer cómo vivimos el pasado concierto de The Adicts y The Rumjacks en Madrid, el pasado mes de octubre. Disculparme, eso sí, antes de nada, tanto con las bandas, como con los promotores que nos permitieron vivir ese fiestón, con todas las letras.

Ahora sí, contaros que con unos minutos antes de la hora anunciada para el comienzo del concierto, con una puntualidad más que británica, la banda de Punk Folk encargada de abrir fuego esa noche, desde Sydney, Australia, nos sorprendía ya desde el minuto cero. Nunca había visto un directo de The Rumjacks y las recomendaciones que llevaba no se  quedaron cortas en ningún momento.

Con un aforo aproximado de 300 personas al arranque de la descarga, la noche empezaba a ritmo de Patron Saint O’Thieves seguida de Barred for Life. A pesar de que la gente iba entrando a la sala con cuentagotas, los allí presentes disfrutaban de lo lindo con los brazos en alto recibiendo con palmas uno de los temas más rockanroleros de la noche, Plenty.

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Tras presentarnos el tema que vendría a continuación, flautín en mano, sonaba uno de los temas que nos recordaban a The Pogues, en este caso, Kirkintilloch, uno de los temas con mejor recibimiento hasta el momento. Y mientas nos preguntábamos si sería o no verdad eso que dice el tema de que en Kirkintilloch no hay pubs, arrancaba un nuevo tema al grito de “¡One, two, three!”. Le había llegado el turno a The Reaper and Tam MCorty, que iba sonando mientras entraba una nueva oleada de público en la sala. A riesgo de que alguien me tire a los perros, diré que a mi orejilla de madera le seguía recordando aquello a The Pogues, pero en este caso, me venían además a la mente The Toy Dolls, por la melodía de la voz, quizá… Pajas mentales aparte, la noche seguía y la banda se estaba llevando aplausos por doquier tema tras tema. Cierto es que nos tenían a todos enganchados ya a esas alturas del show, sobre todo con el tema que vendría después, Spit in the Street, tema que el público coreaba y seguía con palmas en todo momento, acompañando a la banda.

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Enlazan con The Black Matilda, perteneciente a su álbum Gangs of New Holland, que nos devolvía de nuevo a esos ritmos irlandeses tan característicos de la banda, tema para que el que cantante cambia de guitarra para conseguir un sonido más acústico. Tras dar las gracias a los asistentes, arrancan con dos nuevos temas enlazados entre sí, Kathleen y A Fistful O’Roses, éste primero con un toque mucho más rockanrolero y hasta con un guiño de ska, que una vez más hizo las delicias del público. Unos segunditos de relax sobre el escenario, cuando sin darnos cuenta comienza a sonar The Bold Rumjacker, para darnos un poco de tranquilidad entre tanto movimiento de esqueleto, cuando la sala ya rozaría las 600 personas de aforo. El siguiente tema, nos devolvía de nuevo el ritmo al cuerpo. Con un arranque semi acústico seguido de un ritmo que era imposible de sacarse del cuerpo, nos deleitaban con My Time Again. Con un arranque muy Punk Rock, la banda nos contaba las andanzas de Uncle Tommy, con un escenario que toma como protagonista por un momento al bajista de la banda, que no puede dejar de dar saltos.

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Emulando un sonido de pistola y justo dejando el escenario a oscuras al mismo tiempo, se pone fin al tema para arrancar con Jolly Executioner sin de nuevo darnos respiro alguno, con una batería como llamando a filas, que suena como un auténtico cañonazo durante todo el tema. Tras una nueva oleada de aplausos por parte del respetable, la siguiente elección empieza tranquila, en un formato acústico que duraría poco… entrando en materia Wild Mountain Thyme al grito de “¡One, two, three, four!”, tema interpretado por un cantante lleno de sentimiento, con la mano en el pecho. Y de nuevo seguía la fiesta con The Leaky Tub con un batería en pie dando palmas, con el flautín y una mandolina sobre el escenario, poniendo de nuevo la sala patas arriba. Aquello iba a ir terminando, pero todavía les quedaban tres balas en la recámara, la primera de ellas, An Irish Pub Song, tema que arrancaba entre aplausos y silbidos tras agradecer de nuevo la asistencia al concierto por parte de la banda y tema que dejaba entrever algunos tímidos pogos en las primeras filas. Con ese regustillo a taberna irlandesa, comenzaba a sonar One Summer’s Day, anunciando que se van a ir yendo y no sin antes recordarnos que tienen montado un puesto de merchan, por si alguno de los presentes ve a bien colaborar. Entonces sí, recordatorio hecho, con las manos en alto ondeando de izquierda a derecha y al grito de “¡Au! ¡One, two, three, four!”, arranca un nuevo tema de folk irlandés tras el que se encienden las luces del escenario, mientras suenan los primeros acordes de Blows and Unkind Words, tema con el que nos dicen adiós definitivamente, cuando el reloj marca las 21:28 horas.

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Casi a las 22:00 horas comienza a sonar la Intro de The Adicts mientran van saliendo a escena, con el público agolpado en las primeras filas, con móvil en mano. Nadie se quería perder la salida espectacular de los ingleses… Con la banda en escena, a excepción de Monkey y el público ya impaciente por verle aparecer, aparece, como no podía ser de otro modo, tirando serpentinas a diestro y siniestro mientras suena Let’s Go, tema elegido para abrir boca esa noche. Con un frontman de blanco impecable, con su chaleco de espejos y su bombín negro arranca Joker in the Pack y una vez más la gente se mata en las primeras filas por coger alguna de las cartas de las dos barajas que Monkey tiene siempre preparadas para lanzar al público con este tema, para la ocasión con el reverso personalizado con el logo de la banda. El público, totalmente enloquecido, no puede parar de saltar mientras canta. Sin respiro, comienza a sonar Horror Show, con una sala que está ya a reventar y un Monkey contoneándose de izquierda a derecha del escenario como viene siendo habitual. Palmas en alto, arriba y debajo del escenario al comienzo de Steamroller,que no bajaron en ningún momento a lo largo del minuto y cincuenta cuatro segundos que dura el tema, mientras Monkey seguía haciendo kilómetros escenario arriba, escenario abajo. El habitual paraguas que acompaña a la banda en los conciertos, ya se estaba echando de menos, aparece entonces en escena, cuando le llega el turno a Tango para llenar la sala de confeti.

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Parecía que a Monkey aún le faltaba parafernalia para continuar el concierto, por lo que decidió forrar el pie de micro con serpentinas y asegurarse así de que estaba perfectamente maqueado para comenzar con Easy Way Out, tema que no dejó a nadie indiferente, pero que sobre todo nos trajo la imagen de un batería totalmente enloquecido que se desgañitaba mientras se encargaba de sus palos. No menos espectacular sería la visión siguiente, con un Monkey en cuclillas al comienzo de Numbers, tema que una vez más, hizo que la temperatura de la sala subiera hasta límites insospechados, mientras aireaba el bombín de un lado para otro, hasta ir a parar al micro para dejar libres las manos y poder así tirar globos al público, finalizando el tema dejando claro que solo somos números, con ese “You are justa a number…”.

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Enlazaron con Troubadour, tema algo más flojo que dejó a la sala algo más estática, para seguir con I am Yours, que de nuevo devolvió la alegría y actividad a los allí presentes. Y hablando de presentes, ese fue el momento elegido para que regalar al público monitos de peluche, haciendo, de nuevo, que las primeras filas del escenario estuvieran 100% atestadas de fans enloquecidos, tratando de llevarse uno de los regalitos más codiciados en los conciertos de los británicos. Nos resultó extraño no ver cotillón en forma de corazón durante el tema, algo bastante habitual al sonar este tema, pero rápido entendimos que algún pequeño contratiempo debió haber, cuando de repente, mientras suena Fucked It Up es cuando explota el tubo de cotillón que llena la sala de corazones… Fuera del tema esperado, pero con el mismo resultado. El público, agachado en el suelo, cogía los corazones de recuerdo del concierto, que una vez más, estaba resultando mítico para los que seguimos a la banda desde hace años. Y mientras unos se mataban para llevarse los corazones de recuerdo, otros jugueteaban con un nuevo corazón que caía al público desde el escenario, esta vez en forma de globo rojo brillante, que paseó por todos los recovecos de la sala. Monkey  comienza a acalorarse y decide desprenderse de la chaqueta de espejos que aún le acompañaba desde su salida a escena, para mostrarnos la camisa blanca y el chaleco también repleto de espejos; lanza el bombín hacia el techo; pie de micro por los aires y comienzan a sonar, enlazadas una con otra, Fools y Picture The Scene, éste último, de su nuevo disco, And It Was So! con un Monkey a pie de escenario, pitos en alto.

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El pie de micro no estaba del todo ataviado a estas alturas del concierto, por lo que hubo que ponerle la corbata antes de comenzar Gimme Something To Do, tema también perteneciente a su último disco. Las serpentinas plateadas, que más que serpentinas eran cintas de gimnasia rítmica, ondeaban sobre el escenario al ritmo de los bailoteos sensuales de Monkey, que a esas alturas lucía ya el chaleco desabrochado. Mientras suenan los primeros acordes de Life Goes On, el chaleco ya brillaba por su ausencia y los allí presentes se veían envueltos en una nueva vorágine por alcanzar alguna de las serpentinas que de nuevo caían desde el escenario, mientras el globo-corazón seguía dando vueltas por la sala, que no dejaba de corear al unísono ese “Oh, oh, oh…” al que incita el tema, acompañando al cantante, pandereta repleta de serpentinas colgando en mano, que como no podía ser de otra manera, fue a parar al público. La sala completa enloquecía, con palmas en alto y coreando ahora “La, la, la…”. La batería fue la encargada de poner fin al tema con ese brutal redoble de batería, para arrancar con Shit Song. Monkey se movía cual mimo y la sala en su totalidad enloquecía a cada segundo, con cada movimiento del impresionante showman. Nueva descarga de cotillón sobre el público, nuevos saltos encima y debajo del escenario y palmas a tutiplén para dar la bienvenida al tema que empezaba a sonar, And It Was So!

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El reloj marcaba ya las 22:50 de la noche y la gente comenzaba a hacer sus quinielas del tiempo que podría quedar de concierto, sabiendo a ciencia cierta que mucho no podía quedar. Algunos decían que ese sería el tema de la despedida, cuando sobre el escenario hubo un pequeño parón musical. Pero la actitud de Monkey repartiendo más regalitos al respetable, sumado al hecho de que algunos temas míticos no habían sonado a estas alturas de la noche, nos parecían indicios suficientes para pensar que el show no se podía dar por terminado. Y así fue… a ritmo brutal de bombo de batería, comenzaba a sonar Crazy. A Monkey le estorbaba la camisa, que a decir verdad, ya le estaba durando mucho… Camisa fuera y con una libertad total de movimiento, comienza a subirse a las pantallas y a la estructura de los laterales del escenario. Con un baile a lo Go-Go profesional sobre una de las pantallas del escenario, hacía enloquecer, una vez más, al público que lo estaba dando todo mientras se esperaba el fin del concierto de un momento a otro. Llegaba entonces la vorágine con uno de los temas por excelencia de The Adicts, Chinesse Takeaway. Aún quedaban serpentinas para la recta final del concierto y aún quedaban más presentes para los asistentes, que Monkey se mete en la boca para acto seguido, rebozarse por el suelo del escenario, de lado a lado. Cuando se levanta, agarra unos palillos chinos, algo también habitual en los directos al sonar este clásico, palillos que para no perder las buenas costumbres, acaban en el público. Enlazan el tema con Bad Boy, que hace que de nuevo toda la sala esté entregada al máximo, eso sí, sin perder de vista el reloj… Aquello estaba a punto de finalizar, por los horarios de la sala, pero no queríamos creer que el concierto acabase sin escuchar Viva La RevolutionMonkey mira al público… El público mira a Monkey… segundos de tensión absoluta, que al grito de “¡¡Viva la Revolution!!” con el puño en alto, se disipaba con una sala de nuevo totalmente patas arriba.

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Tal era la aglomeración de público en las primeras filas del escenario, que daba la sensación de que había menos gente si uno miraba hacia el fondo de la sala. Sobre el escenario solo sonaba el bombo de la batería mientras el público coreaba como si les fuera la vida en ello y Monkey se contoneaba sobre las tablas. La banda da las gracias al público por haber asistido a la cita mientras los allí presentes gastan sus últimas fuerzas en un estruendoso aplauso para los británicos. Había llegado el momento del adiós, y la sala de nuevo enloquece mientras por los altavoces suena la ya famosa Outro de The Adicts, Walk On, con sala al completo cantando “And You’ll Never Walk Alone…” con los brazos en alto. Y con ese buen sabor de boca que siempre dejan los conciertos en los que uno disfruta, las luces de la sala se iban encendiendo mientras nos anunciaban a golpe de escoba, que había que ir saliendo…

Grandes The Adicts y grandes, muy grandes, The Rumjacks ¡Noche para recordar, una vez más!

Fotos: Kerman Rodríguez

Texto: Olga Alonso

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