- Conciertos -

ATZEMBLA, La Masía de Sant Boi - 24/03/18

El nuevo disco de Atzembla, Instint, ya se puede adquirir en tiendas y plataformas habituales. ¿Y qué pasa cuando esto sucede? Que, por lo general, hay gira. Efectivamente. Y la del grupo valenciano se inició el pasado fin de semana. El sábado, en concreto, la banda asomó por la sala La Masía de Sant Boi, lo que equivale a Barcelona. Últimamente más que nunca.                                        

La sala La Masía se encuentra a unos 15 kilómetros de Barcelona. Esto, que a priori podría ser un problema de cara a la asistencia, se convierte en un acierto si se tienen en cuenta las circunstancias particulares de cada grupo y las supuestas facilidades que ofrece el local. No tengo la información detallada, pero sé de buena tinta que las condiciones para acceder a la sala son bastante buenas.

Sin embargo –es algo que pasa cada semana en esa sala– estas mismas facilidades crean una sensación de confianza y comodidad en los grupos que –ahí sí– se les vuelve en contra. Principalmente porque acostumbran a organizar conciertos en solitario sin saber a ciencia cierta si tienen un núcleo duro que respalde al grupo o un mínimo de seguidores en el territorio. Y no valen alianzas con el Dj de turno. Esta aproximación se puede realizar cuando un grupo visita a menudo una ciudad, pero cuando no es así… riesgo. Ese fue el principal handicap de Atzembla esa noche.

Los seguidores de Atzembla estaban citados a las 22:00 horas, y ésta se presentaba difícil: fuera del núcleo urbano, sin anticipada (una venta garantiza la asistencia) y con una lluvia intensa durante todo el día. No era de extrañar que al cumplirse la hora fuese muy justa la entrada. Aun así, la banda se arremangó, cargó los bártulos e inició el show.

El concierto se inició con el single del último disco, Udol. El tema no sólo suena de maravilla en el compacto, sino que en directo luce fantástico, sobre todo por ese arranque de vientos que en nada te mete en materia. Pese a presentar el compacto, las canciones del nuevo álbum se fueron repartiendo por el setlist, una opción lógica con tan poco tiempo rodando. Así, Memòria, Tatuatges a l’ànima, Eterna nit y Veurem l’alba acompañaron al primer tema, rematando un primer bloque con la enérgica Quan tot es fa fosc. Sobre el escenario, la máquina no tenía grietas; abajo, entre los presentes, la pasividad campaba a sus anchas.

El centro del bolo vino marcado por el compacto que supuso la puesta de largo de Atzembla, El teu viatge. Al gran desert, L’última nit y Cap motiu acercaron un poco al público. En este caso, la banda no se mostró del todo decidida a la hora de acercar a los asistentes, que se mostraban expectantes y miedosos a partes iguales. En estas ocasiones, con poca gente, hay que echarle cara y tratar a los presentes de tú a tú. Como punta de lanza de esta ristra de canciones, destacó sobremanera El teu viatge, que sí atrajo a un par de chicas a bailar. Con catorce temas a las espaldas, no había rastro de Arrels, y tampoco lo habría. La primera obra de la formación valenciana ha pasado a un tercer plano.

El concierto, que rondaba la hora, encauzaba su recta final. Hasta entonces, la banda había demostrado una tablas sobre el escenario fuera de toda duda. Con Instint han dado un salto de calidad y han apuntalado un repertorio que de por sí ya funcionaba, principalmente porque la banda ha encontrado un sonido propio que los aleja de posibles referentes.

El grupo dejó para el final de fiesta la caña, las canciones que más viven de las guitarras eléctricas: Despertar, La mà invisible, Clara nit y Allà fora crearon un ambiente de gran cita, de esos que retrotraen a los tantos festivales que pueblan la geografía estatal. Porque, acorde con las tendencias musicales actuales, Atzembla es una banda de gran formato; crece con espacio y un par de bengalas.

El broche de oro lo puso Cors armats, del Ep homónimo, una de esas canciones tremendas que puesta en un reproductor te instan a buscar más y en directo te dejan una sonrisa de oreja a oreja y la sensación del trabajo bien hecho.

A pesar de las circunstancias del concierto, Atzembla demostró que es una banda en continuo crecimiento y que, a día de hoy, vale cada céntimo que se pague por verlos. Los discos son un cimiento más que solvente, pero cabe reconocer que la forma de defenderlos en tiempo real es todavía mejor.

Texto y Fotografías: Sabicio

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