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MADPUNK + JELLO BIAFRA 10/07/2018 – Sala Copérnico (Madrid)

Cualquier día puede ser bueno para disfrutar de un buen concierto en la capital. Aunque sea martes. Aunque sea julio. El pasado martes 10, poníamos rumbo a la sala Copérnico, para disfrutar de un nuevo directo de MadPunk, que acompañaban esa noche a Jello Biafra. Es ésta la primera vez que cubrimos un concierto al que no habíamos sido acreditados, simplemente porque para nuestros amigos de MadPunk, era ésta una cita muy especial y queríamos plasmar ese recuerdo juntando unas cuantas letras y haciendo unas cuantas fotos. El promotor del concierto nos ignoraba, como tantas otras veces… Ya sabemos que somos una web humilde, lo que para otros es sinónimo de “pequeña” y parece ser motivo suficiente para que algunos te traten como a una mierda. Somos un medio visible a la hora de hacer las promos, pero al parecer, somos invisibles a la hora de pedir un par de acreditaciones -que no invitaciones, puntualicemos-, para realizar una labor sin remunerar, simplemente por amor al arte. MadPunk se lo merecen y allí nos plantamos, previo pago, para poder plasmar lo que esa noche vivieron, tanto ellos, como los que nos dimos cita en la sala.

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La primera sorpresa que nos encontramos, fue una sala con una primera fila repleta de fotógrafos. Ignoramos si todos tuvieron que pagar sus entradas para realizar su trabajo o si fuimos nosotros los únicos agraciados. Alrededor de las 20:30 horas, tal y como se había anunciado, Magüu, J. Siemens, Esteban, Héctor y el Monje, o lo que es lo mismo, MadPunk, estaban ya sobre las tablas, preparados para arrancar el espectáculo con Días de destrucción, empezando así con algo de calma, que duraría poco, como manda ese que dicen que anda por las alturas.  La banda, a la que se veía pletórica ya desde el minuto cero, continuaba con Soy cruel, para finalizar el primer bloque de Espásmodicos con Serafín. El público, que a esas alturas de la tarde rozaría ya el 50% del aforo de la sala, no estaba menos pletórica. Las ganas de pasarlo bien se masticaban en el ambiente y se traducían en sonoros aplausos para el quinteto madrileño.

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Empezaba a sonar el segundo bloque del repertorio, ésta vez de TDK – banda de la que curiosamente se ha dicho que eran los Dead Kennedys españoles-, con Carne Picada como primera píldora adrenalítica. Impresionados viendo la televisión, apoltronados en nuestro cómodo sillón y convencidos de que tiene solución, le llegaba el turno a Interrogatorio, con ese impresionante redoble de batería. Todos enloquecían cantando eso de “te hemos visto, cuando andabas el domingo, dónde estabas? con quién ibas?, de qué hablabas?”, algunos reviviendo algún concierto de los ’80, otros, viviéndolo por primera vez. El público no paraba de moverse. Desde las tablas, los chicos de MadPunk nos iban sacando la lengua de uno en uno –todos menos Héctor, que, por culpa de un cable más bien corto, estuvo relegado a una segunda fila de escenario durante casi todo el concierto- mientras enlazaban con ¿Qué es ese temblor?.

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Arrancaba el tercer bloque, ésta vez de Larsen. La primera en sonar, fue Lucha contra el tecno. Tras un jugueteo de luces en la sala, finalmente se encienden y el Monje aprovecha para dar las gracias y dirigirse al público con un “Os podéis acercar más ¿Eh?”, respondiendo éste con los brazos en alto y acercándose lo más posible al escenario. Si bien desde los primeros acordes del tema el público estaba fuera de sí, en los estribillos la sala al completo se desgañitaba cantando. Hasta el momento, éste fue –o al menos así me lo pareció a mí, el tema que más aplausos cosechó, a lo largo del show. Al grito de ¡¡Destrucción en Rock-Ola!! comenzaba a sonar la citada canción, con un Monje totalmente desatado, cantando hacia todos los lados del escenario, haciendo así, partícipes del tema a todos los asistentes. El pie de micro no dejó de moverse ni un instante, en los tres minutos aproximadamente que dura la canción. De nuevo la gente aplaudía entregada a más no poder, respondiendo a la descarga que se estaba vivienda aquella tarde en la sala Copérnico. De nuevo suben las luces de la sala y el Monje aprovecha para decirnos: “Están deseando que os pongáis a temblar…”. Y efectivamente… como era de esperar, la sala tembló ¡Y de qué manera! Sobre el escenario se veía disfrute, se veía complicidad y sobre todo se veían ganas de darlo todo y más, con este nuevo bloque, de temas de Espasmódicos. Cuando un grupo lo está pasando bien, el concierto es un éxito.

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El tema que sonaría a continuación, El día que me falló Superman, volvió a poner la sala patas arriba. A pesar de durar menos de dos minutos, se organizó una auténtica revolución en las primeras filas del escenario. El tema, al grito del Monje de “¡¡Que te folle, Superman!!” enlazaban con Tía, vete a cagar, tema que seguramente de haberse escrito en la actualidad, hubiera servido para que algunos sectores de nuestra sociedad –si es que vivimos en la misma todos…- hubieran pedido las cabezas de la banda por machistas. Hay que tener en cuenta que eso de “Te creías, niña tonta, que me ibas a engañar. Me tomaste por idiota ¡Anda tía, vete a cagar!” podría resultar una frase políticamente incorrecta, dependiendo únicamente de quién la pronuncie… Y encima, no contentos con mandar a cagar a una tía, enlazan el tema con Sierras mecánicas, para que los susceptibles empiecen a hacerse pajas mentales… En la sala, afortunadamente, nadie se hacía pajas mentales y se disfrutaba de lo lindo tema a tema del repertorio de MadPunk. Tras este tema de TDK, llegaba el momento tierno, con Te Quiero. La batería comienza lo que parece que va a ser un blues o algo que se le parezca, pero no… nada más lejos… Supongo que no hace falta volver a mencionar los comentarios del tema anterior… y que a buen entendedor, pocas palabras bastan… Imposible no mencionar al jefazo Jose Siemens, que si ya en cualquier canción parece que en una sola mano tiene diez dedos cuando toca la guitarra, en éste tema era para verlo...

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Nuevo bloque de Espasmódicos, que comenzaba con un: “Vamos a hacer una sobre unos hijos de puta, que estaban y siguen estando…” como introducción del Monje. Esteban se acerca a pie de escenario con su guitarra, haciendo las delicias del público, que corea enloquecido el tema, 1943. Puños en alto desde debajo de las tablas y tras un “¡Muchas gracias a todos, hijos de puta!” comienza a sonar Mata. De nuevo la sala al completo gritaba el tema.  Y así, matando cristianos, matando hermanos y matando ancianos, los madrileños enlazaban con Drógate, tema que cerraría bloque y que una vez más consiguió una avalancha cuasi mortal hacia las primeras filas del escenario. Ya lo sabes, si no soportas tu mirada frente a un espejo, háztelo mirar, que igual necesitas más anfetas… necesitas más spiz… Los riffs de guitarras y de bajo sonaban increíbles. La banda al completo, menos Magüu a la batería, se entiende, se juntaron en la parte derecha del escenario, para situarse acto seguido el Monje y Esteban en la parte izquierda. La revolución que se vivía bajo las tablas subía de intensidad con esta manera tan sencilla de hacer partícipe –y feliz- a todos y cada uno de los sectores del público. Ya lo sabes… drogas ilegales o drogas legales, pero… ¡Drógate! Aquella tarde en la sala Copérnico no hacía falta hacer uso de ninguna sustancia… Bastante nos colocó el fuerte olor a barniz que impregnaba la sala… así que, ya que beber no salía nada barato, al menos te podías colocar gratis. Curioso el dato que de repente en las tres barras de la sala se han quedado sin barril… o según ellos decían… sin la máquina de la presión… En fin… nos tocó discutir con algún que otro encargado, explicando que esa máquina se llama bombona de ácido y lleva una por barril… y nos parecía bastante extraño que se acabasen las tres bombonas al mismo tiempo… Según ellos… sí, era extraño y no les había pasado nunca antes…

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Pero nosotros, a lo nuestro… Nuevo bloque, nueva banda. De nuevo le tocaba el turno a los Larsen, con un tema de dedicatoria complicada en los tiempos que corren… El payaso, ese ser que parece reproducirse más rápido que un Gremlin… Las luces de la sala de nuevo se volvían locas… No están acostumbrados a estos conciertos en un sitio tal cool… por lo visto… A lo que no estamos acostumbrados nosotros, es a que los conciertos vayan en hora, algo que se cumplía a rajatabla a estas alturas del espectáculo, tal y como el Indio, entre bambalinas, comentaba con Esteban. Tan relajado le dejó el comentario, que su primera reacción fue echarse un trago para refrescarse el gaznate… eso sí… de nuestra cerveza… Si no llega a ser Esteban, juro por la rubia que le habría cortado la mano… Se agradecía un tema algo más lento que los anteriores, para darnos un poco de tregua. Aunque a algunos les parezca que ir a cubrir un concierto es ir de fiesta, se equivoca… no es nada fácil mantenerse en la primera fila para no perder ripia de lo que está sucediendo, con un cuaderno, un boli y/o una cámara en mano… En cualquier caso, como diría aquel… ¡A gusto, la hostia! A nosotros nos pasa lo que al payaso del tema… que sonreímos a pesar de todo. Y sonriendo y escribiendo, capeando el temporal y esquivando hostias como panes que provenían de los pogos, en la sala sonaba uno de los temas que servidora llama “clásico básico”, el mítico Vomitas sangre.

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El tema nos dejó ver un poco más cerca a Héctor, aunque fuera unos breves instantes, para volver a su sitio, al lado de Magüu. De repente una camiseta vuela por los aires y aterriza en el escenario… Ya estaban haciendo de las suyas los amigos de Anal Cramming… Aquí cualquier forma de promo es válida, señores. Mientras tanto, la sala seguía entregada y a juzgar por como se lo estaban pasando y con la intensidad que cantaban, no me extrañaría que más de uno y más de dos, llegaran a casa así, vomitando sangre. En la sala ya se superaba con creces la mitad de aforo y a medida que los nuevos iban entrando, se iban sumando a la fiesta que estábamos viviendo desde las 20:30 horas de la tarde. Le llegaba el turno entonces a otro básico de los Larsen, que, para no cambiar de temática, no podía ser otro que Nacido de la pota de un punk. Así, de pota en pota, o mejor dicho, de vómito en pota, los MadPunk preparaban la Maleta para Moscú. O poniendo la nota graciosa, del Gremlin que mencionábamos antes, al Kremlin… De nuevo el sonido de TDK llenaba la madrileña sala de Argüelles, mientras en pie de micro del Monje lucía tirado sobre el suelo del escenario y con un Héctor pendiente en todo momento de cada movimiento de su cantante. Quitando unos segundos en los que tanto “Eh! Eh! Eh!” nos traía a la cabeza el Paquito el chocolatero –a Dios gracias que no les dio por hacer la misma…-, el tema nos llevaba a los sonidos más punk de la década de los ’80.

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Al finalizar el tema, Magüu quiso presentarnos el que vendría a continuación, con dedicatoria incluida: “Esta canción se la vamos a dedicar a todos los palestinos que luchan por la vida”. Tras añadir el Monje “¡Palestina libre! ¡Sahara libre!”, comenzaba a sonar, como ya imaginaréis, Israel. Es lamentable que la letra de una canción escrita en el año 1985 esté de actualidad treinta y tres años después. Y lo que es peor aún, es que haya un pueblo, como es el palestino, invadido y masacrado desde que comenzase el conflicto, allá por el año 1948, año en el que Israel se fundó como Estado. No solo TDK se hacían eco de este conflicto en los años ’80. Otras bandas, como Tarzán y su puta madre okupando piso en Alcobendas y El Enjambre, trataban también la masacre palestina con temas como Intifada (1992) y Palestina (1993), respectivamente, en los ’90. Al grito de “¡¡ISRAEL!!” del Monje, con el puño izquierdo en alto, finalizaba el tema. Ojalá pudiéramos contar pronto que el conflicto también ha finalizado…

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Lo que sí iba finalizando era la actuación de MadPunk, a la que quedaba únicamente un bloque. Fue hacer la maleta y no dejar de viajar: de Moscú a Israel y de Israel a Francia, con Frontera francesa, tema que encabezaba la recta final del concierto, que contaría con un tema de Larsen –éste, para ser más exactos-, uno de TDK y uno de Espasmódicos. Acababa el tema con los agradecimientos de la banda, tanto a los asistentes, como a la sala -que al parecer a ellos sí les estaba tratando muy bien-. Tras una especie de despedida, con un “Y ahora, a ver a Jello Biafra, que es lo que hemos venido a ver todos”, comenzaba a sonar La farmacia de mi barrio, que de nuevo provocó pogos interesantes en las primeras filas, mientras en la sala, sobre y bajo las tablas, solamente se escuchaba cantar “en la farmacia de mi barrio, hay muchas cosas ricas que puedes comer…”. Tras una nueva subida y bajada de luces en la sala, un redoble de batería a cargo de Magüu y un tímido y escueto “Gracias. Buenas noches” por parte del Monje, el público se revoluciona de nuevo desde el primer acorde de Enciendes tu motor, tema de Espasmódicos que serviría de medalla de oro, de plata y de bronce, al mismo tiempo, por el pedazo de espectáculo que la banda se marcó. Esteban a pie de escenario con la guitarra apuntando al público; Magüu, parapetado tras la batería, sonriendo y resoplando a partes iguales; J. Siemens ensimismado con su guitarra, ajeno al mundo; Héctor atado en corto a mitad de escenario, con los pelos sobre la cara, como es habitual y el Monje, sin hábito, pero dando la bendición a los que ocupaban las primeras filas del escenario. Eso era lo que se veía sobre el escenario de la sala Copérnico cuando el reloj marcaba las 21:30 horas exactamente. MadPunk se acercaban al público a saludar, para acto seguido, desaparecer del escenario mientras sonaba música en la sala y comenzaban los preparativos para la siguiente actuación.

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Desde Colorado, Estados Unidos, aterrizaba en el escenario Eric Reed Boucher, conocido por todos como Jello Biafra. El que fuera líder de Dead Kenendys desde finales de la década de los ’70 hasta 1986, año en el que se disolvió la banda –que, a pesar de volver a juntarse en el año 2000, Biafra ya no estaba en sus filas-, venía esta vez liderando otra banda, Jello Biafra and the Guantanamo School of Medicine, banda formada en 2008. Los de Colorado comenzaba el repertorio con Satan’s Combover, sin su líder sobre el escenario, que se preparaba pasa salir a escena segundos más tarde y enlazar con People with too much time, con una entrada que prácticamente llenaba la sala. De los diecisiete temas que tocaron, incluyendo en ellos los bises, casi la mitad eran inéditos o al menos, totalmente nuevos para nosotros. El siguiente tema en sonar, con una sala que se volvía loca con cada gesto de Jello Biafra, sería Pentagram Pijama Party. El quinto tema elegido para la visita a la capital, no era fiel a lo que veían nuestros ojos en el interior de la sala, sino todo lo contrario. Para nadie estaba resultando aburrida la velada, cuando comenzaba a sonar A boring day, ni tampoco cuando la banda se marcaba el No More Selfies, tema que daría paso a una auténtica revolución bajo las tablas, cuando sonaba el primer tema mítico de Dead Kennedys en la sala, California Über Alles, perteneciente al primer álbum de los estadounidenses, Fresh Fruit for Rotten Vegetables, publicado en 1980. El público, parecía haber ido a ver al Jello Biafra de Dead Kennedys y dada la reacción que provocó el tema, era ese el repertorio que muchos esperaban ver sobre las tablas de la sala Copérnico aquella tarde.

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Seguían sonando temas de Jello Biafra and the Guantanamo School of Medicine, en esta ocasión Teaparty Revenge Porn. No faltó el fantasma de Vince Lombardi, entrenador de fútbol americano estadounidense, de ascendencia italiana, con The Ghost of Vince Lombardi, tema al que le seguiría Let’s Go Stare at Bloody Dead People. Le seguiría el segundo corte del tercer disco del recopilatorio que Jello Biafra publicó en el año 2006, In the Grip of Official Treason, que lleva por título The Last Big Gulp, para continuar con otro de los temas de Dead Kennedys, que todos esperábamos como agua de mayo. Y es que, por mucho que Jello Biafra emprendiera una carrera en solitario tras la disolución de la banda y haya participado en otros proyectos musicales como en los orígenes de Brujería, con Melvins (Jelvins), con Al Jourgensen, de Ministry (LARD) y actualmente con Guantanamo School of Medicine, siempre ha sido y siempre será el líder de Dead Kennedys y temas como el que vendría a continuación, nos sacan siempre una sonrisa.

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Eligieron en esta ocasión Police Truck, cara B del single Holiday in Cambodia, que vió la luz por primera vez en 1980 y siete años más tarde se incluiría en el recopilatorio Give Me Convenience or Give Me Death, tema que junto a Pets Eat their Master, perteneciente a The Audacity of Hype -nombre con el que Jello Biafra and The Gantanamo School of Medicine parodiaban el libro que Barak Obama publicó en el año 2006-, la banda daría por finalizado su concierto, a falta de la descarga de los bises, momento que para mí al menos fue lo más destacable de la actuación. Como nota para los curiosos más inquietos, mirad la letra de Police Truck y tratad de adivinar cuantos años te comes en España si cantas eso…

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La selección estuvo bien cuidada y una vez más la sala disfrutaba tema a tema, remontándose a unos cuantos años antes… Three Strikes sería el tema elegido para abrir fuego con unos bises que nos traerían los clásicos básicos de los que hablaba antes, en la parte de actuación de MadPunk. Holiday in Cambodia fue posiblemente el tema más aclamado por el público, junto con el que vendría a continuación, Nazi Punks Fuck Off, ambos de Dead Kennedys. Para este último, Jello Biafra nos tenía guardada una sorpresa, con una ligera variación en la letra del tema, que decía “Nazi Trumps Fuck Off”, acompañando con la camiseta que lució durante el concierto. La gente enloquecida, tenía ganas de más, lo que provocó un nuevo hervidero humano cuando comenzaban a escucharse los inicios de otro de los clásicos, Too Drunk To Fuck. Las agujas del reloj indicaban que estaban a punto de llegar las 23:30 horas y ya sabemos que en muchas salas te echan, como tarde, a la hora de Cenicienta. En la Copérnico no iba a ser diferente, pero aún daba tiempo a un tema más para cerrar la actuación, en este caso de Jello Biafra and the Guantanamo School of Medicine. El octavo corte de White People and the Damage Done, publicado en 2013, Crapture, sería el que diera por finalizado el concierto, cuando solamente pasaban dos minutos de las 23: 30 horas.

Sin duda, una nueva velada para no olvidar, en la que, a mi juicio, MadPunk fueron los claros vencedores.

Fotos: Kerman Rodríguez
Texto: Olga Alonso

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